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La censura al cine peruano o películas que generen divisas

Este lunes 3 de junio se ha convocado a un plantón frente al Ministerio de Cultura por parte de varios colectivos relacionados al audiovisual bajo el lema #NoALaCensuraNoALaDictadura y otros de ese tipo.

No voy a ir, no estoy de acuerdo con su planteamiento.

Pero para los que quieran, allí está la publicidad del evento.
 
La lógica de esta manifestación es que se están planteando cambios en la ley de cine, lo que significaría que se variarían las reglas de para acceder a los estímulos económicos que concede el ministerio de Cultura.
 
Según los convocantes, esto significaría una censura al cine peruano. ¿Pero es esto cierto?
 
Problemas de distribución
 
Se me vienen a la mente dos películas que han tenido dificultades para proyectarse. Una es El espacio entre las cosas  (2013) de Raúl del Busto, una formidable cinta experimental, tuvo un impasse con la cadena que le había aceptado proyectarla por poca asistencia. No querían cumplir el acuerdo de pasarla una semana. El lío que se generó en medios resultó paradójicamente beneficioso porque acogieron el título en otra cadena y tuvo más tiempo de exposición. 
 
Un par de años antes, Las malas intenciones (2011), de Rosario García-Montero, tuvo un problema parecido. Su ópera prima tuvo acogida, pero competía con filmes del extranjero que tenían más recepción. Así que le comenzaron a quitar salas. Otra vez, por el escándalo, se revirtió la situación.
 
En ambos casos podemos hablar de problemas con las cadenas de cine y su posición de poder. Pero no calzan con los postulados del plantón de mañana. 
 
La actual ley de cine, me parece, ya cumplió su ciclo. Si revisamos a los beneficiarios de los estímulos económicos que concede el Estado descubrimos que hay varios nombres que se repiten. 
 
El economista Hans Rothgiesser ha analizado el tema y relata que los más favorecidos son un grupo reducido que suele – o solía – acceder a estos fondos. No son malos directores, pero sí son los beneficiados frecuentes.
 
 

 Cine sin apoyo
Lo que se reclama son los fondos estatales para la producción de películas. El andador para que aprenda a caminar una industria creativa. Pero… ¿son películas para el público de festivales, solo para el Perú, de exportación?

El puneño Flaviano Quispe estrenó en 2004 El Huerfanito. Cuando conversé con Emilio Bustamante sobre su libro Las miradas múltiples. El cine regional peruano – escrito junto a Jaime Luna Victoria – me contaba que era la primera película peruana de la que tenía noticias se haya hecho un remake en otro país (Bolivia).

Allí hay un filón que se debería explotar. Como ha sugerido varias veces Hernán Garrido Lecca, lo interesante es que el cine, así como los videojuegos, la literatura, las teleseries, sean en el Perú industrias que generen divisas, tal como sucedió en su momento con el clásico de Flaviano Quispe

Ahora que se debaten cambios en la ley de cine, se debería plantear metas medibles. Llevar los productos culturales a nuevos mercados y volver autosostenible la actividad de cineastas y productores. 

Sé la objeción que harán a lo que planteo. Que se debe premiar con ciertos criterios como la paridad de género o el uso de lenguas nativas. Curiosamente, es mujer la directora que ha logrado el máximo galardón en el cine para el Perú y también lo es la directora más exitosa comercialmente: Claudia Llosa con su triunfo en la Berlinale y Ani Alva Helfer con sus numerosas obras taquilleras. 

Es más, varias películas en aymara y quechua han tenido buen desempeño. Willaq Pirqa, el cine de mi pueblo, de César Galindo, fue toda una sorpresa en la lengua de los Incas entre fines de 2022 e inicios de 2023. O la corta y muy lograda cinematografía en aymara de Oscar Catacora, fallecido muy tempranamente.

Política y pantalla
Una crítica constante es el sesgo político de muchos de los ganadores de los estímulos. Lo ideal es que haya más variados criterios para escoger los proyectos ganadores. Largometrajes de ficción y documentales sobre personajes de cierto espectro ideológico izquierdista hay varias, y todas laudatorias: al dictador Velasco Alvarado, al guerrillero Hugo Blanco, al poeta metido a guerrillero Javier Heraud (por partida doble) y más.  

¿Cuántas películas dedicadas a la época del terrorismo – mal llamado conflicto armado interno – se han realizado con fondos del Estado? Y pregunto, ¿en cuantas han abordado la muerte de militantes apristas por parte de Sendero Luminoso y MRTA, el partido más golpeado por su violencia? ¿O las familias destrozadas por atentados a militares, policías u autoridades y funcionarios civiles?

Por allí encontrarán alguna, si es que hay, pero no es la norma.

Los documentales Desde el lado del corazón y Rojo Profundo, sobre personajes de izquierda legal contaron con apoyo del Estado. ¿Por qué no se le concedió el mismo trato al proyecto de documental sobre Pedro Beltrán, por ejemplo?.

Lo que entra por los ojos, se graba en la memoria. Podemos ser demócratas, pero no aspirar a una democracia boba, que deja que cambien nuestra historia, y además, con nuestros impuestos. Pedir que respeten los ideales democráticos para recibir dinero del Estado no es censura.

¿Saben por qué no es censura? Porque se puede hacer cine en el Perú exitosamente sin necesidad del dinero del Estado. ¿Quiere alabar a un dictador? Hazlo con tu dinero. ¿A un asesino de policías como Hugo Blanco? Hazlo con tu dinero. No hay censura en eso. El Estado no tiene porqué financiar propaganda de enemigos de la democracia.  

La discusión es larga, y no termina acá. Sería bueno bajar las tensiones y proponer ideas. 

(Pongo para graficar este post una imagen de Luis Pardo, el largometraje peruano más antiguo que se conoce. Me parece bien que se invierta en recuperar nuestro patrimonio fílmico. Es parte del deber del Estado. No el financiar propaganda política disfrazada de película)

* Tomado del Blog Tanque de Casma

One Comment

  1. TUVIEJACALATA TUVIEJACALATA 4 de junio, 2024

    tremendo mongol

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