Aunque inicialmente se pensó que podía estar relacionado con eventos cósmicos como supernovas, estudios posteriores sugirieron otra causa probable: una supertormenta solar, un evento solar tan grande que supera cualquier cosa observada en la era moderna.
Testigos de una actividad solar extrema
El evento Miyake (bautizado así en honor a la científica) más poderoso fue descubierto en 2023, cuando Edouard Bard y sus colegas anunciaron el hallazgo de un pico de carbono-14 en pinos escoceses fosilizados en el sur de Francia, que data de hace 14.300 años.
Durante los picos de actividad, el Sol puede lanzar enormes llamaradas de plasma, conocidas como eyecciones de masa coronal (CMEs, por sus siglas en inglés) y explosiones de radiación, llamadas llamaradas solares.
Si el Sol dirige una CME hacia la Tierra, puede causar tormentas geomagnéticas al entrar las partículas cargadas en nuestra atmósfera, desatando espectaculares auroras. En efecto, en mayo de este año, con el Sol acercándose a su máximo solar actual, la tormenta geomagnética más fuerte en dos décadas produjo auroras visibles en algunas regiones ciudades como Londres (Reino Unido) y San Francisco (California).
¿Cuáles podrían ser los efectos de una tormenta solar?
Estas tormentas pueden causar estragos en la Tierra, desde aumentar la fricción atmosférica en los satélites (como el telescopio Hubble, que descendió entre 40 y 80 metros al día durante las tormentas geomagnéticas de mayo) hasta dañar redes eléctricas.
El evento solar más poderoso en la historia reciente, conocido como el Evento Carrington de 1859, desencadenó intensas auroras en ambos hemisferios y causó sobrecargas eléctricas que derribaron líneas telegráficas en todo el mundo.
En el peor de los casos, el Sistema de Posicionamiento Global (GPS) podría colapsar, los satélites podrían ser sacados de sus órbitas y sus delicados componentes electrónicos dañados. Además, múltiples redes eléctricas en la Tierra, e incluso el internet, podrían fallar. Sin embargo, los eventos Miyake son ráfagas de partículas al menos diez veces más grandes que el evento Carrington.