Press "Enter" to skip to content

Vox populi y el fin del caviarato

Aunque aún no tenemos claridad de quién acompañará al profesor Pedro Castillo en la segunda vuelta, creo que ya podemos empezar a interpretar los resultados de esta elección en donde pareciera que la abstención ha sido más alta que la histórica y es difícil discernir si este también es un dato que merece mayor análisis o, simplemente, es una consecuencia de la pandemia. Yo me inclino a pensar que se trata más de esto último que cualquier otra cosa.

El Perú es un país en dos mundos: está en el segundo y en el tercer mundo. Lima-Callao y la costa norte e Ica con certeza y parte de la costa sur, están en el segundo mundo y con el sueño esquivo de pasar al primero en un futuro cercano. La sierra, en general, y la sierra sur en particular, están aún en el tercer mundo y abrigan la esperanza de satisfacer sus necesidades básicas y tener una vida digna que se acerque a aquella que saben existe no solo en otras partes del mundo sino, también, en otras partes del Perú. Esto último genera una tensión permanente que se evidencia en cada proceso electoral.

Ante este país en dos mundos, existen dos visiones de solución (y un falaz constructo que ha pretendido ser una tercera). Primero, está la visión de quienes entienden que, para salir progresivamente de esos dos mundos, hace falta inversión, fundamentalmente privada, aunque acompañada de la inversión estatal, pues ello generará empleo, mejorará ingresos y permitirá mayores niveles de bienestar para todos. Esta visión encuentra asidero en la realidad no solo en las experiencias de otros países sino en lo ocurrido en el Perú mismo, precisamente en aquellas regiones que han logrado niveles de vida del segundo mundo.

Segundo, está la visión de quienes entienden que la única solución para lograr salir de esos dos mundos (del tercero, en particular) y alcanzar una mayor equidad en el horizonte de sus vidas, es la acción directa del Estado, quitándole lo que se percibe como privilegios a unos pocos para ser distribuidos entre las grandes mayorías. Esta visión encuentra asidero en la realidad en la situación de la sierra sur que ha visto y sigue viendo pocos beneficios del crecimiento económico y cuya utopía es alimentada por un cierto sentir histórico de reivindicación ante la dominación costeña y por la narrativa de limitadas experiencias bien vendidas como la boliviana.

Sin embargo, un hecho innegable es que las diferencias entre dos propuestas “extremistas”, como la de Rafael López Aliaga y la de Pedro Castillo, se limitan, básicamente, a la visión económica de la respuesta a la realidad que se observa. Tal es así que en lo que respecta a la agenda que ha llenado los espacios del oligopolio mediático en los últimos años (léase, lenguaje inclusivo, derechos LGTB, ideología de género, aborto terapéutico, etc.), la respuesta de ambas propuestas, a decir de los resultados electorales, es similar: esos temas no interesan, al menos por ahora, y es inútil y hasta violento tratar de imponerlos cuando han muerto más de 150.000 peruanos y se han perdido más de 7 millones de empleos como resultado de gobiernos incapaces y cobardes. Recordemos que el Financial Times considera que el Perú es el país que peor ha manejado la pandemia en todo el mundo.

Como demócrata tengo el más absoluto respeto por todos quienes, con los pies en la tierra y dentro del perímetro de la Constitución, aspiran a ejercer el poder. Defiendo el derecho de la izquierda que Pedro Castillo representa a participar en la vida política del país. Rechazo el maniqueísmo estúpido de senderizarlos o reducir la expresión popular que Perú Libre representa a mero chavismo. Sin embargo, pienso que en lo económico están totalmente equivocados y haré todo lo que mis derechos ciudadanos me permitan para evitar que ganen la segunda vuelta.

Quienes creemos en la democracia de pan con libertad, debemos retomar la exitosa senda de la primera década de este siglo: inversión privada para generar empleo y eliminar la pobreza e inversión pública para acabar con la exclusión y la pobreza extrema. El sur también requiere resultados. Podemos brindar oportunidades para todos en el sur -y en la sierra y selva, en general-, si promovemos la capitalización de las pequeñas unidades agrarias y las MYPES; el turismo; la actividad forestal; la acuicultura; la minería social y ambientalmente responsable (incluida la transformación del litio); y la democratización del acceso al gas de Camisea e inversión masiva en agua y saneamiento como catalizadores de una mejora de las condiciones de vida en el corto plazo. La educación y la salud requieren más atención a los profesores y al personal de salud y más tecnología para llegar a donde el Estado no ha sido capaz de llegar. El Perú tiene alrededor de 96.000 centros poblados y 85.000 de ellos tienen menos de 150 habitantes. El grado de correlación existente entre ser pobre extremo y vivir en un centro poblado de menos de 150 habitantes es superior a 0.8: es decir que, casi por definición, un peruano que vive en un centro poblado de menos de 150 habitantes es pobre extremo. Ponerle agua y desagüe a uno de esos pueblos es entre 4 y 10 veces más caro que ponerle esos servicios a un pueblo de 2.000 habitantes. La mayor cantidad de esos pequeños centros poblados se encuentra en Huancavelica, Ayacucho, Apurímac, Cusco y Puno. Aun no hemos entendido que el mayor obstáculo para el desarrollo de la sierra sur es la dispersión de la población. Esa dispersión convierte a los peruanos más pobres no solo en excluidos física y económicamente (sin acceso a los beneficios del mercado) sino políticamente. Ellos solo tienen la oportunidad de dejarse escuchar con su voto cada 5 años, pues el tamaño de sus pueblos los convierte en fantasmas incluso para un Estado sin convicciones morales e ideológicas como para quebrar a la siempre dizque aséptica tecnocracia del MEF que, con su SNIP o su Invierte Perú, es incapaz de entender que, aunque sea mucho más costoso, es deber ineludible de la República atender las necesidades de esos ciudadanos que tienen el legitimo derecho de vivir en donde así lo decidan. Finalmente, una democracia de pan con libertad también conlleva atender la agenda del sector normal (mal llamado “informal”) que es la principal fuente de generación de empleo en nuestro país: su desarrollo está limitado por la exclusión financiera y la acción del club de los oligopolios mercantilistas que solo buscan reproducir un sistema de prebendas y privilegios al amparo de su bien rentado oligopolio mediático.  Esta es la agenda de la centroizquierda peruana, la agenda de la izquierda democrática.

Los grandes perdedores de este proceso electoral son los social-confusos de la falsa izquierda aparisada (permítaseme introducir este neologismo), ese falso constructo de quienes quisieron hacer de sus ideas un objeto de lujo para ostentar en lugar del reloj o cartera que no pudieron comprar. Es decir, en buen romance, “la caviarada”: tanto en su expresión patética, mal intencionada, incapaz y cobarde, encarnada por el Partido Morado, sus ONGs y sus opinólogos sicarios del oligopolio mediático; como en su expresión sana y bien intencionada, aunque desorientada, liderada por Verónica Mendoza. De los primeros no vale la plena decir mucho. De Juntos por el Perú, diría que es un grupo legítimamente equivocado en su interpretación de la realidad, por estar basado en lecturas de separatas de Marta Harnecker, ignorando documentos tan esenciales para entender el marxismo como la carta de Engels a J. Bloch, fechada en Londres el 21 de septiembre de 1890, en donde aquél sentencia: “Según la concepción materialista de la historia, el factor que en última instancia determina la historia es la producción y la reproducción de la vida real. Ni Marx ni yo hemos afirmado nunca más que esto.” Y concluyo esto pues es claro que la agenda caviar no fue más que un intento, fuera de nuestro espacio-tiempo histórico, por imponer un ideario super-estructural, ignorando “la producción y la reproducción de la vida real.” Pedro Castillo tiene, obviamente, hasta por sola extracción de clase, una visión verdaderamente marxista (leninista-maoísta) de la realidad peruana (ver, por ejemplo, https://twitter.com/2021Libre/status/138091841779288883).

Leer a Gramsci les sirvió a los caviares para acceder al poder por la puerta falsa, judicializar la política para perseguir a todo el que no pensase como ellos y trajinar por los pasillos del Estado, agenciándose recursos del presupuesto de la República mediante la repartija de cargos públicos y consultorías, pero no por mucho tiempo. Que quede claro el mensaje del pueblo: con Castillo o con su contrincante, sea quien sea, la mermelada se acabó. El Caviarato, esa oscura década de nuestra historia, llegó a su fin. Demos gracias a Dios. Vox populi, vox Dei.

2 Comments

  1. Veronika Angulo Veronika Angulo 13 de abril, 2021

    Clarisimo analisis HGL. Es una patriotica ventaja conocer el Peru no solo desde un escritorio sino en coherencia, a partir de la realidad del poblador rural y niños del interior de nuestro pais. También me inclino a pensar que la abstención es producto del terror que infunde ser contagiados por el virus. Me preocupa muchisimo los comentarios sobre la necesidad de migrar del pais como unica alternativa – según post de jovenes en las redes – para sobrevivir. Es acaso que nos hace falta educar en ciudadania y con ello formar electores en nuestro pais? Por lo pronto, considero importante si hacer cambios y el primero debe partir de uno mismo y nuestras familias. Basta de quejas. El Perú merece tomar decisiones y actuar coherentemente. Felicitaciones.

  2. J. Fernando De la Torre J. Fernando De la Torre 13 de abril, 2021

    Lean este escrito de Macarena Arribas Berckemeyer:

    Yo también estoy de acuerdo con que los resultados de ayer son francamente preocupantes, ya que lo que propone Castillo es bastante descabellado. Pero me pregunto: ¿por qué ha ganado en la mayoría de regiones? ¿Por qué la mayoría de peruanos están prefiriendo darla la oportunidad a la izquierda? Incluso veo peruanos provenientes de los mejores colegios de Lima y de excelentes universidades privadas, viviendo en mansiones, votando por la izquierda.

    Las redes han estado saltando ayer y me incluyo, ya sea por miedo, por angustia, por decepción o por cólera. Pero, ¿realmente no lo veíamos venir? Siempre es lo mismo en este país. Se vota por “el menos malo”. ¿Y saben porqué? Porque pasan y pasan los años y nada cambia. Seguimos viviendo en un país sin empatía, con brechas que se agrandan cada día más y con “líderes” de derecha que no hacen más que destruirnos robando, corrompiendo y engañando.

    Vivimos en un país donde los intereses personales priman. Ayer vimos solamente la cereza del helado, la punta del iceberg. Mientras toda la izquierda salió a votar para por fin ver un cambio, la derecha se fue de vacaciones a USA, se quedó tomando sol y simplemente pagó su multa. Porque desde su comodidad, eso era más “importante” que el futuro de nuestro país. Basta con solo ver cuáles fueron los distritos con menos presencial en las elecciones.

    ¿Pero de qué nos asombramos si siempre ha sido igual? ¿Cuántas empresas privadas apoyan a las comunidades más vulnerables? ¿Cuántas personas a título personal lo hacen? ¿Cuántas veces salimos de nuestra zona de confort para pensar y apoyar al otro menos afortunado? ¿Cuántos convenios entre empresas privadas y públicas existen? ¿Cuántas trabas pone el mismo Estado Peruano para dejarse ayudar por los privados? Si se dan cuenta, el sistema en general es una cochinada.

    Los resultados de ayer muestran gritos de dolor, de desesperación, de ansias por el cambio. Mientras algunos lloran porque tendrán que dejar sus vacaciones en Miami y sus colegios privados de alto nivel, otros aplauden y celebran la idea de poder tener agua, desagüe, electricidad, educación y un techo debajo del cual dormir.

    Siempre se escucha la frase “Es que el Perú no es Lima”, pero … ¿Quiénes hacemos cosas para cambiarlo? ¿Quién se compra el pleito REAL que busca reducir brechas en este país? Dejemos nuestro ego constante que nace de la suerte de haber nacido en un lugar con posibilidades, y comencemos a pensar en esas personas con menos suerte que simplemente les tocó vivir en un lugar olvidado del país.

    Esto no es un tema de las elecciones, señores. No seamos ingenuos por favor, y no nos dejemos llevar por nuestras pasiones. Es un tema que se arrastra desde décadas atrás, y no querer verlo es más ignorante que estar culpando a “los ignorantes por votar por Castillo”.

    Dejemos, por favor, de seguir viviendo en la ignorancia, porque así no vamos a llegar a ninguna parte.

    A todos los que no fueron a votar, sea por la razón que sea, los invito a pasar unos días en una cabaña de esteras en la mitad de la sierra peruana, sin agua, sin desagüe, sin luz. Y a todos los que desde su comodidad son incapaces de salir de sus zonas de confort y dejar su comodidad por un rato, los invito a lo mismo.

    Claramente, soy de derecha. Creo firmemente en la economía. Creo en que debemos crear empleo para así dar estabilidad. Creo en la innovación. Creo en que la economía es la base. Pero ahora estamos bien fregados, porque cómo le explicamos a las personas del Perú menos afortunado que esto es lo correcto si los últimos gobiernos de derecha no han hecho más que cagarla. ESE es el gran problema a resolver ahora.

    Ojalá que esto que estamos viviendo ahora como país nos sirva para volvernos un país más empático, con más conciencia y con menos ignorancia. Ojalá que los colegios más privilegiados propongan actividades donde aterricen a las nuevas generaciones sobre la realidad VERDADERA de nuestro país, y espero que los padres de familias afortunadas comiencen también a reventar las burbujas en las que viven sus hijos, para mostrarles así la realidad que nos rodea y espero que JUNTOS como SOCIEDAD saquemos al país adelante.

    Porque el presidente solo, señores, no lo va a lograr jamás. Se trata de que todos los ciudadanos, desde donde estén, saquemos nuestra mejor versión y trabajemos arduamente para reducir brechas en este país que duele tanto como el Perú. ¡Qué fácil es echarles la culpa a las elecciones! Dejemos de hacernos los ciegos, por favor. Y comencemos a HACER en vez de estar siempre pensando en que el OTRO tiene la culpa o en que es únicamente el deber del OTRO solucionar los problemas del Perú.

    Estos días solo nos queda esperar a que la democracia cumpla su función. Pero tú, como ciudadano, ¿estás listo para cambiar? Porque sino, así venga el mismo Dios a gobernar el país, nos iremos al tacho (por no usar una palabra menos educada).

Comments are closed.