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#No Voten Por Mí (si quieren que todo siga igual)

En abril del próximo año todos los peruanos tendremos que acudir a votar nuevamente para designar a las autoridades que nos gobernarán por los próximos cinco años. Elegiremos un nuevo presidente y Congreso en una situación sumamente complicada. La pandemia todavía no habrá desaparecido y la economía seguramente seguirá en recesión o con mucha suerte, en una recuperación incipiente. Siempre ha sido muy importante escoger a las personas idóneas y sobre todo honestas para gobernarnos; pero para la próxima elección, será un tema de vida o muerte que sea una persona capaz. No podemos seguir votando por el menos malo, como nos ha sucedido en pasadas elecciones.

Siendo así las cosas, quiero lanzar mi campaña oficial para que NO VOTEN POR MÍ, si quieren que todo siga igual en nuestro país. Se preguntarán por cuál partido podría postular. La verdad es que no tengo ningún partido de preferencia, pero eso en Perú nunca ha sido impedimento para que un candidato se lance a la carrera electoral. Tampoco tengo una base de votantes y ni siquiera una campaña organizada, pero en nuestro querido Perú eso tampoco ha sido problema para que salgan elegidos otros presidentes en el pasado. Hemos escogido un caudillo en lugar de partido o doctrina política desde que tengo recuerdo, salvo algunas excepciones.

Lo que sí tengo son planteamientos muy concretos de lo que se debe hacer con urgencia y lo que se tiene que cambiar para que el país no caiga presa del izquierdismo totalitario que nos quiere gobernar y que esta copando las instituciones y medios de comunicación a vista y paciencia de todos. Esto por supuesto enmascarado con discursos populistas que prometen y ofrecen desde peajes gratis hasta regalar dinero mediante la entrega de bonos.

Mis potenciales votantes se preguntarán ¿cuál es mi ideología o tendencia política? ¿Soy de izquierda, de centro o de derecha? Si se trata de defender el medio ambiente dirán que soy de izquierda; para el manejo de la economía, que soy de derecha; para encontrar el equilibro en la sociedad, dirán que soy de centro. En realidad el adjetivo que me pongan poco importa, lo que sí es esencial es que amo a mi patria y no quiero que el Estado caiga en manos de ideologías comunistas disfrazadas de populistas que quieren recortar nuestros derechos, quitarnos nuestra propiedad y empobrecernos a todos.

Y si por alguna casualidad astronómica se alinean las estrellas y los peruanos deciden dejar de lado el sentido común, que en realidad es el más escaso de los sentidos, y no me hacen caso y terminan votando por mí les adelanto lo que se podría venir.

Le pediría al pueblo que me elija con una mayoría en el Congreso para poder pasar las reformas necesarias pero impopulares para sacar de la mediocridad al país y llevarlo al primer mundo. Entre las más importantes propondría la reforma laboral,  la reforma del sistema de pensiones, la reestructuración del poder judicial, el reordenamiento de la policía, consolidar el libre mercado pero con reguladores fuertes y eficaces para asegurar la libre competencia, control de los monopolios, reforma del sistema de salud, mejoramiento de la educación, protección del medio ambiente de la minera ilegal y la deforestación; poner en marcha un plan factible de infraestructura, pero sobre todo liberar al país de la corrupción enquistada en todos los niveles del gobierno y de la sociedad dando el ejemplo desde el presidente hasta el último funcionario del Estado. El Estado debe servir al ciudadano y no servirse de él.

Pero si la izquierda manipula las elecciones para que no pueda tener una mayoría en el Congreso, no importa, cerraría el Congreso y convocaría a una asamblea constituyente para poder implementar las reformas impopulares pero necesarias.

Como todo buen candidato también voy a hacer promesas y la primera que se me ocurre es que voy a garantizar que dos millones de peruanos van a trabajar. Sí, dos millones, leyeron bien. Pero no me refiero a que crearía dos millones de puestos de trabajo en el Estado. Al contrario, como no va a existir la estabilidad laboral, se van a ir del Estado miles de empleados públicos que solamente engrosan la burocracia. Cuando digo que voy a hacer que dos millones de peruanos trabajen, afirmo que voy a hacer que realmente trabajen todos los funcionarios y empleados públicos que nosotros mantenemos con nuestros impuestos (dicho sea de paso, todos van a tener que pagar impuestos, les guste o no).

No estoy pensando en maestros, policías, doctores o enfermeras que trabajan de manera sacrificada y con bajos sueldos, sino en los funcionarios y empleados públicos que sentados detrás de un escritorio son dueños del puesto sin hacer nada y que cuando tienen que atender al ciudadano lo hacen de forma ineficiente y con mala cara.

Se estarán preguntando por qué quiero meterme en política y qué gano con esto. En realidad no me interesa la política y tampoco quiero “ganar” haciéndome político; creo que alguien que ama al país y que esté dispuesto a sacrificar los próximos años de su vida tiene que poner el hombro para sacarnos adelante. No soy de los que piensa que todo seguirá igual, que nuestro país no tiene remedio, que estamos condenados a la mediocridad institucional, que debemos resignarnos a vivir en un país sin esperanza y condenado a la pobreza. Yo quiero que mi hija sea orgullosa de ser peruana, que siempre tenga la frente en alto sabiendo que su padre lo dio todo por hacer del Perú una gran nación.

¡Viva el Perú carajo!.