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2023: año de la recesión y declive en la inversión privada

Este 2023 fue un año sombrío, catalogado como el más desafiante en más de dos décadas para las finanzas públicas

El año 2023 transformó su etiqueta inicial de “un año retador” a una categoría que muchos desearían olvidar. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), ocho de los diez meses registrados revelan resultados continuamente negativos para la economía peruana. Extraoficialmente, se habla de una contracción en la producción nacional durante cuatro trimestres consecutivos, evidenciando una aguda recesión económica en el país.

Aunque el año comenzó con optimistas proyecciones, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) tuvo que revisar a la baja sus expectativas, originalmente apuntando a un crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) del 3%. Sin embargo, las cifras actuales sugieren no solo la no realización de esa predicción, sino también la posibilidad de que el 2023 se considere el peor para la economía peruana en más de 25 años, excluyendo el impacto del 2020 debido a la pandemia de Covid-19. Según las estimaciones del Banco Central de Reserva (BCR), la producción nacional cerrará el año con una caída del -0,5%.

Los factores que se esgrimen para explicar esta situación incluyen fenómenos meteorológicos, protestas sociales masivas y una confianza empresarial debilitada, traduciéndose en una disminución notable de la inversión privada, el motor principal de la economía. Según el BCR, se espera una caída del -7,3% en la inversión privada, el peor desempeño en los últimos 15 años.

En un contexto donde el 80% de la inversión total proviene del sector privado, la economía peruana enfrenta una disminución del -8,9% en la inversión privada acumulada de enero a septiembre, marcando cinco trimestres consecutivos de resultados negativos. La voz de expertos, como el exvicepresidente del BCRP, Luis Arias Minaya, destaca la gravedad de la situación al describir la recesión como la más profunda desde la aprobación de la Constitución de 1993, con un riesgo real de caer en un estancamiento crónico.

El impacto de esta recesión no se limita a cifras abstractas, sino que se manifiesta en el tejido social, afectando directamente el nivel de vida de la población. Expertos advierten sobre el aumento de la pobreza por segundo año consecutivo, proyectando afectar al 29% de la población. El presidente de la Mesa de Concertación para la Lucha contra la Pobreza (MCLCP), Federico Arnillas, incluso sugiere que la cifra podría llegar al 33%, retrocediendo más de 10 años en la lucha contra este problema.

La incertidumbre política, los conflictos sociales y la caída en la confianza empresarial han contribuido al deterioro de la economía peruana. El descenso en la actividad económica también ha complicado el cumplimiento de la meta de déficit fiscal del 2,4% establecida por el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), generando cuestionamientos y acusaciones de manipulación de cifras.

El economista Carlos Parodi anticipa que el 2023 será recordado como el año de la recesión, y la incógnita se sitúa en el 2024, donde se deberán analizar las variables del comportamiento de la economía mundial, la intensidad del fenómeno de El Niño y la recuperación de la inversión privada. A pesar de las dificultades actuales, algunos sostienen la esperanza de que el próximo año marque el inicio de la recuperación económica.